ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO, A 111 AÑOS DE SU NACIMIENTO
Hijo de un músico italiano llamado Santo Discépolo, y de Luisa Deluchi, nació el 27 de marzo de 1901 Enrique Santos Discépolo. Cursó sus primeros estudios en el Colegio de Guadalupe de Salguero y Paraguay.
La vida lo golpeó de pequeño, en 1906 murió su padre y en 1910 su madre, por eso dijo: “Tuve una infancia triste. Yo nunca pude decir aquellos de “cachurra monta la burra” ni hallé atracción alguna en jugar a las bolitas o a cualquiera de los demás juegos infantiles. Vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo. A los cinco años quedé huérfano de padre y antes de cumplir los nueve perdí también a mi madre”
En tanto Tania dijo en un reportaje, sobre la niñez de Discépolo: “No había jugado nunca, ni a las bolitas, ni tuvo una bicicleta, porque estaba con unos tíos muy ricos que lo vestían de payaso todos los días… Le ponían el esmoquin, la corbatita para cenar y eso a él le dolía mucho. Enrique empezó a jugar y a hacer cosas de chico cuando me conoció. Nunca tuvo una bicicleta. No porque fuera pobre…, es al revés. El pobre era el hermano.”
Luego de la muerte de sus padres, Enrique y su hermano Armando se separaron, el primero fue a vivir con unos tíos que tenían un buen pasar pero que eran muy estrictos a la hora de conducir la vida de Enrique, esos fueron años muy duros para él.
Dejó el colegio religioso y terminó los estudios en un colegio estatal, pero su vida pegará nuevamente un vuelco cuando su hermano contrajo matrimonio y lo llevó a vivir con él, Enrique comenzó a disfrutar de una libertad que no conocía y estableció amistades que forjaron su vida.
Ingresó el Normal Mariano Acosta para ser maestro, pero al poco tiempo descubrió que su vocación era otra. En vez de concurrir al colegio “pegaba el faltazo” y concurría a una librería donde el dueño le permitía leer los libros que estaban a la venta.
El maestro se convierte en actor
Terminó sincerándose con su hermano cuando le transmitió que su verdadera vocación pasaba por ser actor. A partir de ese momento comenzó una vida de bohemia que le permitió conocer “un puñado de amigos” con los cuales compartió intereses por lo social y también proyectos de trabajo artístico.
Sobre ese cambio de profesión dirá mas adelante: “Mientras estudiaba para maestro descubrí mis facultades de actor. Fue en los ejercicios prácticos cuando daba lección a los chicos. Explicando mi clase, más que un profesor, parecía un monologuista. Recitaba, accionaba y hasta les marcaba el tipo. Esta vocación me la despertó y desarrolló el ambiente que respiraba en mi casa. Vivía por entonces con mi hermano Armando, que era y es bastante mayor que yo. Ambiente bohemio de gente de teatro: autores, actores y músicos eran visitas constantes en nuestra casa. Aquello me quitó pronto la escasa vocación que sentía por la enseñanza. Entonces empecé por hacerme la rabona. En vez de ir al Normal, me iba a una librería que había enfrente del colegio. Llevaba el mate y bollos para convidar al librero y él me prestaba libros. Pero no eran libros de texto, sino de teatro, de viajes, de aventura, de cuentos. Así seguí haciendo el cuento unos meses hasta que un día le dije a mi hermano que no quería ser maestro de escuela sino actor. Y antes de cumplir los dieciséis años debuté con Roberto Casaux”.
A los quince años pasaba su mayor tiempo en la calle y en los “Cafetines de Buenos Aires”, también a esta edad subió por primera vez a un escenario. Debutó como actor en la obra el “Chueco Pintos” de Armando Discépolo y Rafael José de Rosa estrenada por Roberto Casaux el 22 de octubre de 1917. Al año siguiente estrenó su primera obra teatral “El Duende” escrita junto a Mario Folco, en el Teatro Nacional el 31 de julio de 1918.
Desde esa temprana edad estableció amistad con una gran cantidad de artistas, todos ellos con un fuerte compromiso social, algunos de los cuales, más adelante, conformaron el grupo que se conoció con el nombre de “Boedo” en contraposición al grupo “Florida”, el cuál mostraba un mayor interés por las formas, desligándose de cualquier interés social.
Esos días de bohemia que compartía con figuras de la talla de Juan de Dios Filiberto o Quinquela Martín, entre muchos otros, días de recorrer las calles de Parque Patricios, un amigo de aquellos días Guillermo Facio Hebecquer, comentaba: “Nos hallábamos alejados de todos los cenáculos artísticos en boga. Alejados de la calle Florida, de los ministerios, de la Comisión, de la Academia, y de todas esas puterías, viviendo en medio del arrabal en continuo contacto con el pueblo sufriente, haciendo de sus dolores y de sus rebeldías las nuestras”
Discépolo y sus amigos fueron conmovidos por los acontecimientos de la Semana Trágica ocurrida en 1919 donde una huelga en los talleres Vassena concluyó con la muerte de varios obreros, el cortejo fúnebre también fue atacado por la policía ayudada por los “nenes bien” de ultra derecha, el número de víctimas se incrementó incluyendo a niños y mujeres.
Cuando se crea el grupo Boedo con la participación de Elías Castelnuovo y Roberto Mariani, algunos amigos de Discépolo también se integran, sin embargo Enrique prefiere mantenerse al margen, no obstante lo cual ya para esos tiempos, primeros años de la década del 20 ya mostraba un real interés por la situación de los trabajadores y de aquellos sectores más sufrientes.
En su recorrido por los barrios proletarios, Enrique incorpora sus conocimientos del alma del trabajador y las necesidades del pueblo que cada vez son reflejadas con mayor claridad en sus obras. Discépolo fue sobre todas las cosas un buen tipo, un hombre sensible, que captaba el dolor ajeno y lo sentía como suyo, nunca pudo desligarse del ambiente en que vivía y de su compromiso por los más necesitados.
En el año 1923 se estrena la importante obra “Mateo” que llevará la firma de Armando Discépolo, con un gran éxito. A partir de la repercusión de la obra, los coches de las plazas adquirirán el nombre de Mateo.
Tiempo después se estrena la obra teatral “El organito” de autoría de ambos hermanos Discépolo. En esta obra aparecerá el mundo de seres frustrados, casi marginales, expulsados de una sociedad para pocos. Se plantea la dificultad de la lucha por la subsistencia Galasso nos dice: “…en “El organito” apunta ese enfoque escéptico que reaparecerá en sus tangos, ese rebelarse contra la vida, contra esa vida que ‘nos la han hecho triste’ como decía Facio”
Ver video:
http://www.youtube.com/watch?v=Gt66gWAz6wE

